21 febrero 2026

DIARIO DE ORACIÓN - N.11- Pobreza del Alma sin Dios y la Trinidad actuando en el alma.


El alma reconoce sus faltas y su incapacidad de corresponder al amor de Dios. Entiende que sin Él no tiene valor ni fruto. Percibe que quienes no viven orientados a Dios “entierran” su talento espiritual. Ella se duele de su propia tibieza y por quienes aún no han recibido luz divina. Descubre que solo el tiempo dedicado a Dios es verdadera vida; lo demás es vacío. Esto la consuela y a la vez la mueve a pedir perdón.

Dios le muestra el ejemplo de la Virgen: su grandeza proviene de contemplar continuamente los misterios de Dios, especialmente la cruz. Ella es modelo de pureza y unión con Dios. La autora se siente llamada a ese camino, pero lo percibe demasiado alto para sus fuerzas. Aun así, reconoce que Dios la invita. En medio de su temor, Cristo la toma interiormente y le revela que quien lo posee lo tiene todo. Le explica cómo la Virgen lo concibió primero en su corazón.

El Señor le muestra cómo actuó la Trinidad en la Encarnación y cómo ese mismo misterio, por gracia, se refleja ahora en su alma, le hace experimentar su presencia trinitaria en su corazón y le enseña que “concebirlo” es guardar y meditar sus obras con amor. El alma reconoce con claridad la acción del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en ella y tiene la certeza que no hay don mayor que Dios habitando en una criatura.

El Hijo de Dios le explica que la verdadera maternidad espiritual consiste en darle posada en el corazón y alimentarlo con pensamientos puros y adoración interior. Ella contempla la esencia divina y la distinción de las Personas en una sola voluntad. Se siente colmada y entiende que quien tiene a Dios no necesita nada más. En ese estado solo puede pedir por la Iglesia. Cristo le revela que una sola alma que intercede con fe sostiene más que ejércitos enteros sin fe.

Pide por las almas del purgatorio. El Señor le muestra cómo las consuela con nuevas esperanzas, como hizo con las del limbo[1] en la Encarnación. Entiende que estos favores se deben a que Dios ha encontrado en su alma un lugar donde habitar. Ella se siente indigna ante la presencia viva de la Trinidad. María Evangelista, asombrada, preguntó por qué recibía tantas gracias ella que era tan débil. Dios le respondió que lo hacía por su pureza de su intención, y le propone que en adelante Él cuidaría de ella si ella cuidaba de seguir sus caminos. Le pidió que se ocupara de buscarlo en las verdades de la fe y en los frutos de la Iglesia, y que Él cuidará su corazón como cuida a la Iglesia mediante el Espíritu Santo.

El Señor le muestra cómo infunde continuamente sus dones y cómo la Iglesia es el depósito de todas estas riquezas espirituales.

Finalmente, Recibe luz para contemplar y gozar de este misterio trinitario: el Padre como principio, el Hijo engendrado, y el Espíritu Santo procediendo de ambos. Todo esto lo ve en su propio corazón tal como enseña la fe.

Texto de M. María Evangelista (M. de D. Cm. n.11)

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COMENTARIO DEL TEXTO ANTERIO: 

-La conciencia de la propia pobreza espiritual: La autora, en oración, reconoce sus faltas y la poca correspondencia que ha dado a Dios. Comprende que el alma, sin Él, no tiene valor ni fruto, y que enterrar los dones recibidos es volverse “tierra”, vivir sin espíritu.

- Dolor por la propia tibieza y por quienes no tienen luz: Al ver cuánto le ha enseñado el Señor, se duele de no responder mejor y también de quienes aún no han recibido esa luz. Percibe que solo el tiempo entregado a Dios es verdadera vida; lo demás es tiempo muerto.

- La escuela interior de María: Dios le muestra cómo la Virgen creció en santidad: manteniendo su corazón siempre ocupado en los misterios de Dios, adorando continuamente la cruz, viviendo sin estorbo de pecado, siendo transparencia pura de la Iglesia y preferida del Padre. Esta contemplación ilumina su alma con claridad nueva.

-Llamada a un camino que la sobrepasa: Se siente llamada a ese mismo camino de pureza y contemplación, pero se ve incapaz. Aunque Dios le da luz, ella experimenta temor y desproporción entre su pequeñez y lo que se le pide.

- La palabra decisiva del Señor: En medio de sus temores, Cristo la toca interiormente y le dice que lo tiene todo, porque lo tiene a Él. Le revela que quien lo posee, posee la riqueza del cielo y la vida del hombre. Le muestra cómo María lo concibió en su corazón antes que en su cuerpo, y cómo el Espíritu Santo es el maestro de esa obra.

- La Trinidad actuando en el alma: El Señor le enseña que en su alma se reproduce, por gracia, el misterio de la Encarnación: el Padre actúa con su poder, el Hijo con su consentimiento, el Espíritu Santo con su gracia. Dios se deja “concebir” en el corazón que lo acoge con pensamientos puros y adoración continua.

- La inhabitación trinitaria: La autora experimenta la presencia viva del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en su interior. Percibe la distinción de Personas y la unidad de su querer. Comprende que no hay mayor grandeza en cielo o tierra que Dios habitando en el alma.

- La verdadera maternidad espiritual: Cristo le dice que su Madre es quien sabe darle posada en su corazón, y que así también Él quiere ser sustentado en el alma de la autora. La “leche” que alimenta a Cristo son los pensamientos puros, la adoración y la confesión de su poder.

- Intercesión por la Iglesia: Al ver la riqueza de la Iglesia -fruto de la sangre de Cristo-solo puede pedir por ella. El Señor le revela que una sola alma que intercede con fe hace más que ejércitos enteros sin fe, y que por un justo perdona a muchos.

- Intercesión por las almas del purgatorio: El Señor le muestra cómo, en la Encarnación, dio esperanza a las almas del limbo. Le revela que ahora concede gracias a las almas del purgatorio por la intercesión de quienes le dan “lugar” en su corazón.

- El diálogo de humildad: Ella pregunta por qué recibe tantos favores. El Señor responde que los pone en su “pura intención”. Le propone un “trueque”: Él cuidará de ella, y ella cuidará de Él, siguiéndolo por los caminos de la cruz y de la Iglesia.

- La formación continua del Espíritu Santo: Dios le muestra que siempre está infundiendo dones, comunicando el valor de la sangre del Hijo y el amor del Padre. Solo la luz del Espíritu Santo puede enseñar estos misterios.

- Contemplación de la Trinidad como origen: Finalmente, recibe luz para contemplar al Padre como principio, al Hijo engendrado por Él, y al Espíritu Santo procedente de ambos. Ve esta vida trinitaria actuando en su propio corazón, un solo Dios en unidad de querer y poder.

LMJPA




[1] Aquí el Limbo se refiere a las almas que de las personas buenas que murieron antes de la Muerte redentora de Cristo.

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