Durante la oración, mientras
escuchaba el Evangelio de la samaritana, sentí que el Señor recogía mi corazón
y me hacía prestar atención de un modo nuevo. Interiormente me llamó y me dijo:
“María, ¿quieres agua?” En ese instante me dio a entender profundamente qué es
esa agua viva que llena el
corazón y quita todo vacío. Me mostró que es la misma agua y luz que recibió la
samaritana, por la cual comprendió sus obras, igual que yo las comprendo ahora.
Y añadió que todavía busca almas que quieran beber de esa agua.
El Señor se manifestó con
una luz intensa que atravesó mi corazón y me atrajo hacia Él. Me hizo sentir la
sed que tiene por las almas y el hambre
espiritual que lo mueve. Vi su rostro espiritual, donde
todo se contiene, y comprendí que solo Él reina y que quien vive unido a Él
disfruta de esa agua viva.
Me enseñó que esta agua es
tan necesaria que nadie puede vivir sin ella. El alma sin este rocío está seca
y sin verdadera vida. Y entendí que esta luz del Señor es la que permite
comprender el misterio de la cruz.
El Señor me dijo que, así
como la samaritana entendió el valor de esta agua y dejó todo para seguirlo,
así también quienes la beben de verdad conocen la cruz y su significado. Le
pregunté si todos los que la reciben llegan a ese conocimiento. Él respondió
que solo quienes la beben según su voluntad: muchos apenas prueban unas gotas y
las apagan con su amor propio, sin dejar que sus inspiraciones den fruto. Pero
quienes la beben de verdad lo dejan todo y lo siguen, porque esta agua sana,
ilumina y revela sus deseos.
Me mostró que su mayor gusto
está en la cruz, y que allí descansa su corazón. Yo le dije que veía claramente
que esta agua viva saca al alma de sí misma y le da luz para comprender sus
caminos. Entonces le pregunté por qué permitía que tantos hablaran y
confundieran las cosas que Él hacía en mí.
El Señor me respondió con
amor: “Calla, María. Precisamente a través de esas contradicciones doy a
conocer mi camino y manifiesto mi luz en tu corazón. Lo que ellos intentan
oscurecer, yo lo uso para revelar mi obra. Nadie puede impedir mis planes. Así
fue también al inicio de mi Iglesia: todos se opusieron, incluso hasta matar a
mis discípulos, pero mi Espíritu salió adelante y la Iglesia quedó fundada con
su sangre.”
Me explicó que estos caminos
interiores solo Él los enseña y que los hombres no los comprenden. Me dijo que
yo era figura de su Iglesia y que, así como ella se fundó con fuego y sangre,
también en mí debía realizarse esta obra a través de pruebas y sufrimientos.
Los que me contradicen son como martillos que labran las piedras del edificio
que Él construye.
El Señor afirmó que la cruz
es el árbol que da fruto y que todos deben acudir a ella para vivir. Quien no
participa de la cruz no tiene vida en Él. Sus caminos son incomprensibles y
solo quien recibe su luz puede entenderlos.
Me mostró cuánto gusto tiene
en el padecer, como lo tuvo su Padre al entregarle todos los golpes. Yo,
sintiéndome incapaz y sin fuerzas, le pregunté si Él había sufrido también
hambre y sed naturales. Él respondió que sí: que durante su vida terrena
padeció hambre, cansancio y sed en grado extremo, y que solo quien Él quiera
podrá comprenderlo. Pero sobre todo sufrió por amor al hombre, desde el momento
mismo de su Encarnación, llevando una cruz interior continua para suplir
nuestras imperfecciones.
Finalmente me dijo: “María,
mi cruz no es para los flojos.” Yo reconocí que lo veía claramente, pues todos
los que Él me daba como confesores eran llevados enseguida al padecer y luego
iluminados en la cruz. Él respondió que sabe bien a quién confiar sus obras,
igual que supo a quién llamar al apostolado y entregar sus llaves y su cruz.
El Señor seguía enseñando
muchas cosas y se mostraba verdaderamente como agua de vida.
Bendito sea por siempre.
NOTA:
Como las ultimas publicaciones en este Blog dedicado a la ya Venerable M. María Evangelista, advertimos que, estos textos son una paráfrasis en lenguaje actual, lo mas fiel posible al texto original. El objetivo es hacer mas fácil la comprensión del sentido profundo del texto. Somos conscientes de que al resumir un poco y actualizar el lenguaje, pierde un poco de profundidad teológica, pero gana en facilitar su lectura comprensión de los términos y forma de redactar.
- SENTIDO TEOLÓGICO DEL TEXTO -
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El don del Agua Viva: El texto gira en
torno a una experiencia mística donde Cristo se manifiesta a María como el
dador del Agua Viva, la misma que ofreció a la samaritana. Esta agua simboliza
la vida divina, la luz interior y la gracia que transforma el corazón, llenando
todo vacío y permitiendo conocer las obras de Dios desde dentro. Solo quien
bebe de esta agua “como es gusto de Cristo” entra en la verdadera comprensión
de la cruz y de los caminos divinos.
- La sed de Cristo por las almas: Cristo revela su sed espiritual, un deseo ardiente
de salvar y atraer a las almas. Esta sed es más profunda que cualquier
necesidad física y nace del amor infinito que lo llevó a padecer hambre,
cansancio y sufrimiento durante su vida terrena. El Señor muestra que su
alimento es la conversión y la entrega de las almas.
- La cruz como camino de
conocimiento y fecundidad: El Agua Viva
conduce inevitablemente al conocimiento de la cruz, que no es solo sufrimiento,
sino el lugar donde se manifiestan los “gustos” de Dios: su voluntad, su amor y
su obra redentora. La cruz es presentada como: Camino de seguimiento auténtico,
Árbol de vida, Fundamento de la Iglesia, Fuente de fecundidad espiritual. Cristo
afirma que su cruz “no es para flojos”, pues exige abandono total y fidelidad.
Quien bebe de su agua recibe luz para comprender el valor del padecer y para
unirse a su obra.
- La Iglesia edificada en fuego y
sangre
Jesús explica que la Iglesia fue
fundada “a fuego y sangre”, y que María participa mística y simbólicamente en
esta edificación. Los ataques, críticas y contradicciones que ella sufre son comparados
con “martillos” que labran las piedras del edificio divino. Lo que parece
obstáculo se convierte en ocasión para que Cristo manifieste su obra y su luz.
- La acción soberana de Dios
Cristo muestra su poder absoluto:
nada puede impedir su obra. Aunque los hombres “ladren como perros”, Él sigue
adelante con su designio. La aparente oposición no oscurece su camino, sino que
lo hace más visible. Dios actúa en lo oculto, en lo interior, y solo quienes
reciben su Espíritu pueden comprender sus caminos.
- La identificación del alma con la
Iglesia
María es presentada como figura de
la Iglesia, llamada a vivir en sí misma el proceso de purificación, cruz y
fecundidad que caracteriza al Cuerpo de Cristo. La obra interior que Dios
realiza en ella es un reflejo de la obra que realiza en su Iglesia entera.
- La humanidad sufriente de Cristo
Jesús confirma que padeció hambre,
sed y cansancios reales, no solo espirituales. Su sufrimiento humano fue
extremo, sostenido únicamente por la fuerza del Padre. Desde la Encarnación
vivió en una cruz interior continua, reparando las imperfecciones humanas con
su obra perfecta. En síntesis final.
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En síntesis: El texto es una
profunda catequesis mística sobre el Agua Viva, la cruz, la Iglesia y la acción
soberana de Cristo en el alma. Presenta la vida espiritual como un proceso de
transformación por la gracia, donde el alma, al beber del agua que Cristo
ofrece, entra en el conocimiento de sus misterios, participa de su cruz y se
convierte en instrumento de su obra en el mundo.

