12 febrero 2018

Diario: Libro, Misericordias Reveladas


Ella como todos, es hija de su tiempo, con mentalidad propia de su tiempo, utiliza los recursos literarios, la forma de expresarse y el vocabulario de la época.  Esto nos hace un poco más difícil la lectura y el entendimiento de lo que desea expresar en sus escritos. Aunque por experiencia propia puedo decir, que aún, con esta dificultad, hace inmenso bien su lectura.

    
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17 de agosto

Estando otro día después de haber comulgado, parecía recogían a mi alma y como que la llamaban y le mostraban con amor dónde había de tener su descanso, que era en sí mismo ­en Dios­ y en su Ser. Y para esto le decían aquellas palabras: Ven, esposa mía, a tu descanso. Yo le decía al Señor que no dijese aquello, que me daba vergüenza, particularmente por tener que escribirlo. Dijo el Señor: ¿Pues lo hago Yo y te preocupas tú? No pienses así, mira, que esto es así porque Yo soy el verdadero esposo del alma y su descanso; y es y ha de ser en mí, que soy piedra firme, y ella ha de descansar en mí. Y el decir: “sube a tu descanso y a los agujeros[1] de tu mismo descanso”, es recibirla en mis brazos y allá enseñarle qué cosa son los agujeros en donde se ha de meter, que son mis llagas y mis obras.

 Y como que me enseñaba esto. Parecía que me metían en aquellas llagas del Hijo de Dios y en aquellos agujeros o llagas, en los cuales me tuvo con grandes muestras de amor, que era el que tenía al alma, como a esposa. Estos agujeros eran para el alma una muestra de su grandeza, porque mostraban los agujeros de sus llagas y en ellos metía el Señor a mi alma. Mas estos agujeros eran un lugar tan grande como lo era Dios, porque mostraban la humanidad del Hijo de Dios unido con Dios. Y allí, en aquellas llagas, alaba el alma a Dios con tan grande espacio que no parecía sino que estaba allí como lo estaba todo el espacio que había en el ser de Dios.

 Y allí el Hijo de Dios y el mismo Dios estaban con la misma alma y daban a gustar de su descanso, que son sus obras, que allí le enseñan con una luz grande, a donde si no es en estas llagas o agujeros no podrá aprender, porque enseñaban también cómo todo el cuerpo de la humanidad estaba hecho estos agujeros, para descanso del alma y su sustento. Y allí mostraban, en estos agujeros, cómo fueron hechos para sustento de la criatura, y eran los modos que tenía el Señor para llevar al alma a Él. Y todos los había usado con el alma para que ella descanse tomando sustento en esto y durmiendo en el lecho de su esposo, que era este.

Y mostraba era este el libro cerrado, que si Él no lo abría no lo sabría nadie leer. Y mostraban las hojas del libro, que eran estos agujeros, llenos de misterios y cerrados para la criatura, porque si Él no la metía en ellos no podía ella meterse en Él, de la manera que Él quería que entrase la esposa en ellos. Era espanto el ver lo que enseñaban en estos agujeros o llagas, porque enseñaban al mismo Señor con todo su poder y saber y entender, en cuanto la criatura era capaz. Y allí veía la sabiduría que se les había de dar a los evangelistas, para dar salida aquella sabiduría. Y lo mismo que habían escrito, que era lo mismo que allí estaba escrito en aquel libro. Y de allí había salido la fortaleza de las vírgenes, todo lo que habían recibido los santos para serlo. Les había salido la luz de estos agujeros. Allí estaba todo el parto de un alma, con toda su crecimiento, porque estaba allí toda juntas, las obras de la humanidad y divinidad.

Y mostraban todo había ocurrido a fin de la crecimiento de un alma, de manera que se había guisado esta comida en la cruz y se habían hecho estos agujeros y se habían obrado estas obras a fin de que el alma comiese, y su sustento no fuese otro sino el de Dios, que esto es lo que quiero decir. Y decían cómo todos los trabajos del Señor, obrados en su muerte y pasión, y también obrados en el mismo pecho de Dios, fueron obrados todos a fin del bien de un alma y de que comiese siempre de este manjar.

En esto me respondían a una pregunta o cosa que yo hacía al Señor. Y mostraban el gusto que el Señor tiene de que el alimento de una criatura sea de que solo fuese de este cuerpo, digo, del alma. Y decía que para eso se había sazonado de aquella manera, para que el alma comiese y siempre se sustentase de Él con su vida, que así dice el Señor ha de comer.

Y parece se quejaban que había falta de consideración en quien gobernaba almas, porque mostraban cómo había muchas que comían sin vida ni conocimiento de lo que comían, sino solo por un gusto insensible, sin conocimiento de este manjar ni luz de él. Solo lo tenían el gusto  en comer por parecer santos, sin conocer otra cosa, porque llevan el corazón todo lleno de aire, con la vanidad y propia estima de que están llenos. Y también decían había otros que conocían sus propios gustos y les sabía el manjar por comerlo a su gusto, que era con conocimiento de sus obras. Y a esos se les quitaba el sustento, y a los demás se les daba de esta manera, todo al revés de su gusto. No seré Yo así, como las criaturas, porque Yo les daré sustento de manera que no se lo quite nadie. Y las sustentaré de él con gusto mío. Y mostraba esto a mi alma. Y allí, en aquellas llagas y agujeros le hacían comer de aquel cuerpo y manjar de vida. Y decían: Están mi cuerpo y sangre como está en el sacramento. Yo estoy en ti y tú en mí. Come del alimento del que se sustentan los ángeles que es Vida. Y mostraban cómo tenía Vida divina el alma aquí, en esta vida.

Me volví a la oración otro día y parecía me hacían volver a este descanso diciéndome: En estas ventanas se puede poner la esposa y allí mirar a su esposo. Y desde allí verá lo que se ha hecho por ella, que Yo se lo podré enseñar.

Y volvían a enseñarme en estas mismas llagas, que no eran solas las cinco sino otras muchas. Que todo su cuerpo estaba hecho un agujero, y allí, en todos mostraban que había tenido mi alma parte, para que se hiciesen aquellos agujeros. Yo dije: No entiendo esto. Y respondido: María, muchas veces te he enseñado cómo en mi cuerpo no hubo minuto que Yo no lo hiciese capaz de padecer. Y esto era que se ponía en cada uno de él una cruz y allí le daba ser, como si en una sola la tuviera. Y allí padecía y satisfacía por el hombre, de manera que todo esto lo hacía con el amor grande que al hombre tuve, y todo para su crecimiento. Podía haber padecido menos, mas no quise, sino que viese el hombre mi amor y mi largueza en esto, y me hice capaz de todo este sufrimiento para su remedio. También era esa la  voluntad de mi Padre y su voluntad fui cumpliendo siempre. Y a mí, mira: en todos los agujeros que ves en mi cuerpo, que parece son todo él uno, es aquellos que Yo tenía con el ser que te decía.

Te muestro ser muchos agujeros, por haber sido muchas y grandes mis obras, y el ser que te he dicho he dado a ellas. Y así como todo fue parte para tu bien y redención, ahora quiero que sea parte para tu regalo. Y quiero que allí te alimentes, pues Yo sazoné esta masa con el brazo de la cruz. Y quiero que todo aquello que ayudó al hombre para salir de culpa y fue el que satisfizo por la culpa, también sea en quien tome gusto el alma. Que esto que ves no lo ven sino los bienaventurados, porque también en la humanidad tienen gloria y mucha, porque fue la que les fue medio de la que gozan. Y en todas estas ventanas hallan acogida, de manera que siempre están metidos en ellas. Y mira que esto es así como te enseñé al principio, que estas llagas y cuerpo, así como ya él está glorificado, está unido con Dios, y así como Dios está en todas partes, estoy Yo en todas las partes. De manera que al bienaventurado que está muy en el gozo cerca de Dios, digo, cerca, que goza más gloria, y el que no goza tanta, y el ángel y el serafín y el querubín, todos más o menos conforme a su crecimiento, así ven más llagas, de manera que todos están allí en ellas como están en Dios, porque fui Yo su redención de todos y todos tuvieron vida por ellas.

 Esto enseñaba con tanta claridad y con tanta luz,  allí, en aquellas llagas metida, que no puedo acabar de decir lo que allí vi. El Señor lo dé a entender. Amén.




[1] En este texto concreto, “AGUGERO”, significa las “Santas Llagas de Cristo”. Utiliza mucho los símbolos u metáforas.

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